El panorama existente ayer a la tarde en la zona de 137 y 32 era muy distinto al de las primeras horas de la mañana.
Los propios vecinos y comerciantes lo confirmaron a este diario, todavía sorprendidos por la inesperada derivación de la fiesta en la propiedad ubicada en esa esquina.
Una empleada de la estación de servicio Esso que está frente a esa residencia -que, según comentaron en el barrio perteneció durante largos años a una familia de apellido Guerrini- contó a EL DIA que sus compañeros del turno mañana se encontraron con “piedras, vidrios y palos por todos lados”.
“Inclusive -continuó- a las 3 de la mañana un grupo de jóvenes apedreó los surtidores” de esa estación de servicio, donde “por suerte no estaba trabajando ningún playero”. Según la chica, el sereno se salvó porque “estaba dentro del minishop, cerrado con llaves y con rejas protectoras del ventanal de vidrio”.
La misma mujer estimó que “en esa fiesta habría como 300 chicos y hubo quienes vieron autos de alta gama”.
Un vecino, en tanto, dijo que “nos despertamos como a las 5 de la mañana y vimos a muchachos que rompían baldosas de la vereda y que sacaron adoquines de una casa” para arrojar contra los policías, patrulleros “y todo lo que se cruzara”.
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